lunes, 19 de julio de 2010
Uno de mis nuevos poemas favoritos
lunes, 5 de julio de 2010
If I were to curate a 19th century art exhibition it would be...
This painting depicts a group harem scene in which Ingres combines the figure of the nude with an Oriental theme. The main element of eroticism in the painting focuses on the two women caressing each other; also, the black woman in this work is a characterization of the stereotype of savage sexuality attributed to the people of color at the time. The proportions and angles of the women’s body shapes are not realistic representations of the human anatomy, which indicates the dreading of the importance of anatomy in painting by Ingres in the last stages of his career.
Olympia was harshly criticized when it was exhibited in the 1865 Salon because in it Manet rejected the defined ideas about sex and gender by depicting a woman’s satisfaction with her sexuality. Not only did his approach of the female nude reject the academic standards of beauty, but also his unpolished, evident, rough brushwork. Olympia’s confrontational look, in defiance to the male gaze, does not allow the viewers to scrutinize her nude figure at ease; during the 19th century, in response to this, the audiences stereotyped her sexuality as animal, as much as that of the black woman next to her.
This work represents the quintessential Orientalist painting with an academic approach; the anatomy depicted in this painting refers to that in The Turkish Bath (1862) by Jean-Auguste Dominique Ingres, however, the proportioned and defined shapes follow the academic and naturalistic standards of painting that there were at the time. The erotic nature of this painting is caused by the positioning of an Occidental-looking nude woman next to a bare-breasted black woman in such intimate setting.
jueves, 7 de enero de 2010
The Creation of Eve por William Blake
Food, Inc.
martes, 5 de enero de 2010
¿Por qué el pensamiento científico no es superior al no científico?
El pensamiento científico y el no científico son diferentes manifestaciones del genio humano. Sin embargo, a lo largo de la historia esta igualdad de origen y de fin se ha ido olvidando para dar origen a una separación del conocimiento científico y el no científico.
En la antigüedad, el conocimiento científico y el no científico no se diferenciaban como en la actualidad porque el conocimiento era uno solo; filosofía, arte, literatura, matemáticas y demás materias estaban todas unidos por el sistema educativo conocido como "paideia", ("educación circular"), un sistema que englobaba todo.
La separación de la ciencia y la no-ciencia vino en la modernidad con la aparición de pensadores como Descartes, quien puso a la razón por encima de todo, haciendo que la ciencia adquiriera suma importancia. El pensador Alexander Baumgarten, aun siendo esteta, colocó al conocimiento sensible por debajo de las "ciencias verdaderas" ya que consideraba al primero como una “idea confusa”.
Más tarde Inmanuel Kant elevó el estudio de la estética y las denominadas no-ciencias al mismo nivel de la ciencia, de las "verdades de razón". Esto se puede notar en su libro "Crítica de la razón pura", en el que escribió un capítulo dedicado a las ciencias formales; su idea era elevar a la metafísica y a la estética a los mismos niveles racionales. Con este libro superó el marcado empirismo de Hume y la metafísica dogmática de los autores racionalistas. La ciencia y la no-ciencia vuelven a adquirir el mismo rango.
Esta igualdad no duraría mucho. Posteriormente, el filósofo Friedrich Nietzsche coloca a la estética, la música y la filosofía por encima de las ciencias, acotando que por ejemplo la matemática y la lógica eran abstractas y no decían nada del mundo real, a diferencia de las artes que eran expresiones reales y vivas del ser humano.
Si bien hay un Dios cristiano, cuyas reglas morales tiene millones de seguidores alrededor del mundo, en la actualidad ha aparecido la diosa ciencia, en la cual mucha gente ha puesto -por así decirlo- su fe. La ciencia y la tecnología se han convertido en necesidades para la humanidad y cada vez más personas se desentienden del pensamiento no científico y se transforman en seres casi deshumanizados cuyas vidas se rigen únicamente por el producto de un laboratorio sin sentimientos.
Ciertamente la ciencia avanza, pero también tiene sus tropiezos. Un ejemplo de estos tropiezos en la actualidad es la existencia de dos teorías, aceptables ambas, pero incompatibles entre sí, de la luz; una clama que la luz se propaga por medio de partículas y la otra que es por medio de ondas. La confianza en la ciencia es válida, pero no superior a la no-ciencia; lo que en cualquiera de los casos las separa es que la ciencia es comprobable y la no-ciencia es más teórica. Sin embargo, tanto ciencia como no-ciencia tienen ciertos niveles de abstracción que son aceptados por sus adeptos, y si los adeptos a las ciencias y a las no-ciencias pueden aceptar dicha abstracción en las mismas, ¿por qué no pueden aceptar el nivel de abstracción que hay en la materia de la cual no son -por así decirlo- partidarios?
La ciencia no debería ser considerada superior a la no-ciencia. Aunque ultimadamente su origen y su fin fueran los únicos elementos que tuviesen en común, el ser humano no puede (o no debería poder) sobrevivir sin el conocimiento sensible. El día que el ser humano pueda vivir sin esta clase de conocimiento, individuo perderá su identidad como ser humano en sí y se rebajará al mismo nivel de las máquinas que ha creado. Lo creado consumirá al creador. El conocimiento sensible es el que nos convierte en creadores y el que nos permite dar testimonio de nuestra existencia y evolución como individuos y sociedad, si éste se extingue, nuestra historia se extinguirá con él y pasaremos a ser individuos vagando por un mundo en el que no habrá nada que recordar.
lunes, 4 de enero de 2010
Nuestros pensamientos a puertas abiertas
Siempre me he preguntado por qué en la creación no se incluyó un concepto de “privacidad mental” e irónicamente, todos lo saben, y yo sé que ellos también se lo preguntan. No tenemos mucho de qué quejarnos sin embargo, pues nunca hemos conocido una vida diferente a la que tenemos, nunca hemos tenido una idea que podamos conservar para enriquecer nuestro ser, nunca hemos tenido un amigo, y aunque sepamos los pensamientos de unos y otros, nunca nos hemos sentido más que como extraños en un vacío lleno de voces y ecos que sólo repiten lo que no queremos saber de nosotros mismos.
La vida en un mundo sin privacidad nos ha hecho perder la emoción de la misma, aunque nunca la tuvimos, pero con cada día y cruce de miradas (y pensamientos) la situación nos consume más y más, no hablamos, no sentimos pues no queda nada por decir, y en un mundo sin palabras pero con exagerada cantidad de información ¿cómo se puede siquiera imaginar la relación con otras personas?
Yo creo que mi vida no es más ni menos miserable que la de los demás (es más, lo sé) pero la certeza de todo es lo que me (nos) abruma, la inexistencia de los secretos, las sorpresas, el mismo destino que nos acecha desde las mentes más poderosas que nos dominan. Por eso, yo prefiero vivir en el sueño eterno que voy a emprender, los demás saben mis pecaminosas intenciones pero no me detienen porque ellos saben que el infierno al que voy, es el mismo al que desean ir todos los habitantes de este vacío lleno de voces y ecos que sólo repiten lo que no queremos saber de nosotros mismos.
-Agatha